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No todo es color rosa en Israel

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LA PREJUICIOSA DESCRIMINACION EN LA SOCIEDAD ISRAELI

POR  MARIO ABLIN 

El crimen cometido en el centro comunitario homosexual en Tel Aviv generó una toma de conciencia en la opinión pública respecto a la actitud prejuiciosa y agresiva que existe en nuestra sociedad hacia el “otro”, aquél que es distinto al común denominador.

En este caso se trata de homosexuales y lesbianas pero el espectro del rechazo y la discriminación es mucho más amplio y abarca grupos diversos dentro de la sociedad israelí.

Generalmente, al reflexionar acerca de esta problemática, apuntamos a la discriminación existente respecto a árabes, trabajadores extranjeros, judíos de origen oriental o religiosos ortodoxos, entre otros. En general, se suele pensar que los grupos religiosos, especialmente aquellos de extracción ortodoxa son una de las comunidades menos contaminadas por sentimientos de discriminación. Ello, en atención a que los preceptos religiosos proclaman la obligación de amar al prójimo como a uno mismo, consideran al ser humano creado a imagen y semejanza de Dios y conciben a la humanidad como una gran familia originada en los tres hijos de Noé. Sin embargo, y paradójicamente, las comunidades judías ortodoxas suelen estar marcadamente alienadas hacia los grupos que son discriminados en la sociedad israelí.

En el caso de los homosexuales, la ortodoxia critica públicamente a esa población a la que califican con palabras muy duras. También el silencio de la colectividad judía ortodoxa es elocuente en relación al drama de los refugiados de Darfour, la problemática de los hijos de trabajadores extranjeros ilegales que han nacido en Israel, los cuales podrían ser expulsados del país o la situación de la minoría árabe israelí, entre otros grupos discriminados.

Ante esas problemáticas, y otras afines, el judaismo religioso ortodoxo, especialmente el grupo jaredí, permanece impasible y mudo. Esa actitud demuestra elocuentemente la crisis por la cual atraviesa la religiosidad ortodoxa, la cual permanece atrapada en una rutina de cumplimiento mecánico de preceptos, en un formalismo ritual, mientras se muestra impotente para ofrecer una guía espiritual y moral respecto a los grandes temas que preocupan a la sociedad israelí actual. En especial, ese tipo de religiosidad se desentiende de quienes no son judíos, ignora también a quienes no son judíos plenos de acuerdo a la ley religiosa, e incluso los judíos laicos son para esta corriente ortodoxa una especie de judíos de segunda categoría.
El trasfondo social y psicológico de la actitud alienada del judío ortodoxo hacia el “ajeno” es la mentalidad diaspórica que aún perdura en muchos de esos grupos; se trata de la desconfianza propia de una comunidad diaspórica que a lo largo de la historia se vio necesitada de defender su identidad frente a un entorno social hostil, levantando murallas cada vez más altas de preceptos y normas religiosas de carácter etnocéntrico.

Esa actitud separatista hacia el “otro-ajeno” se ha ido convirtiendo en una mentalidad cerrada y autosuficiente que se proyecta no sólo hacia afuera del colectivo judío sino también hacia adentro de la propia comunidad judía. Desde esa perspectiva, el judío laico es también un “otro” del cual hay que mantenerse apartado para evitar ser influido por su cultura hedonista y permisiva. Sin embargo, ahí no termina la dinámica de la discriminación y el separatismo de los grupos religiosos fundamentalistas.

También existen judíos religiosos respecto a los cuales el judío ortodoxo debe mantener distancia: se trata de los judíos conservadores y reformistas, seguidores de los movimientos religiosos liberales, que en opinión de la ortodoxia son más negativos aún que los laicos. Esa mentalidad de auto apartamiento y discriminación hacia otros, al convertirse en un modo de ser de las comunidades ortodoxas, se ve necesitada de buscar continuamente nuevos “otros” respecto a los cuales hay que cuidarse y tomar distancia. En ese sentido, los grupos ortodoxos de origen ashkenazita tratan de mantenerse apartados de los judíos religiosos orientales, originarios de los países árabes.

Al respecto y a título de ejemplo, recientemente tomó estado público la situación creada en la escuela religiosa de mujeres Bet Iaacov en la ciudad de Emanuel, donde se han arbitrados medidas discriminatorias contra las alumnas de origen oriental a fin de separar las mismas de la alumnas de origen ashkenazíes. Para tal fin, se llegó a levantar un muro que separa las dos alas del edificio, según el origen de las alumnas: ashkenazíes de un lado, orientales del otro. Asimismo se fijaron horas distintas para los recreos a fin de evitar el contacto entre los grupos, a los que se fijó también un uniforme escolar distinto.

Otro caso doloroso de discriminación entre judíos lo constituye el de ciertas escuelas religiosas y también escuelas estatales nacional-religiosas privadas, en la ciudad de Petaj Tikva, que se han negado a recibir alumnos de origen etíope para el ciclo lectivo que comenzó esta semana. Éstos son algunos ejemplos de los vientos de intolerancia y discriminación que soplan en nuestra sociedad, incluso en el seno de grupos religiosos, no sólo hacia no judíos sino también entre judíos e incluso entre judíos religiosos mismos.

En el Talmud está escrito que el Pueblo de Israel puede compararse al polvo y a las estrellas. Cuando cae se hunde hasta el polvo pero cuando se levanta llega hasta las estrellas. El desafío del sionismo es el de hacer llegar nuestro pueblo hasta las estrellas, es decir, lograr mantener un Estado en el cual todos los judíos se sientan hermanados y participen por igual en este proyecto extraordinario, aceptando a todos aquellos que quieran sumarse a la tarea, sin discriminar ni marginar a nadie. (Extraida de www.aurora-israel.co.il)

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Comentarios No todo es color rosa en Israel

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wxy115 wxy115 01/09/2010 a las 04:04

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